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Espíritu del Metal, la conformación de la escena metalera (1981-1992)

Se trata del primer libro sobre la historia del metal peruano escrito por el musicólogo y catedrático José Ignacio López Ramírez Gastón y el periodista y productor Giuseppe Risica Carella

Publicado: 2019-07-01

Sinceridad brutal ante todo. Para varias personas en la movida no es un secreto que vengo elaborando un libro desde hace varios años atrás -demasiados reconozco- sobre la primera etapa de la historia del metal peruano. Hago un mea culpa público porque me he tardado demasiado. Sería muy fácil excusarme en la falta de tiempo, de colaboración, etc. La culpa es mía y asumo mi responsabilidad. 

Hago esta aclaración porque consideró que no es ético que haga una crítica pormenorizada de un trabajo que abarca casi el mismo periodo que voy a publicar e, inclusive, conozco a 'Pino' –uno de los autores del libro- desde finales de los 80s y he trabajado con él en Cuero Negro (90-93).

Quiero agradecer públicamente a ‘Nacho’ y a ‘Pino’ por mencionarme como investigador en la materia y por citar a mi blog (Resistencia metal zine) como fuente de algunos pasajes del libro, algo poco común en la escena metal donde plagian artículos enteros sin citar la fuente.

Luego de haber hecho público estos puntos, paso a la reseña del libro, que por los argumentos expuestos, me demoré en publicar ante la disyuntiva si debía hacerlo o no.

Asistí a la presentación del libro Espíritu del Metal La conformación de la escena metalera en el Perú (1981-1992) de Pino y José Ignacio López Ramírez-Gastón en diciembre del año pasado en el Crypto Bar. Participaron como invitados John Capcha de Hadez, Víctor ‘Lobo’ Guizado de Armagedon y Carlos Muñoz de Up Lapsus, quienes dieron brevemente sus testimonios de la época vivida.  

Se trata de un libro que mezcla lo académico con lo testimonial de manera resumida. Entiendo, en ese sentido, las primeras críticas de varios de los protagonistas de la historia, los cuales no se ven reflejados en ella, o son mencionados muy brevemente.

La falta de fuentes del análisis que se hace, las faltas ortográficas, algunos errores en la información –en fechas, nombres, datos, demos que nunca vieron la luz- y un diseño bastante simple con pocas fotos, afiches, portadas de zines, etc, son los puntos a mejorar en una segunda edición que seguramente tendrán a bien publicar Pino y Nacho.

A pesar de ello, y para ser el primer libro que pone el tema en debate, es innegable su valor. Sería mezquino no reconocerlo.

Lo importante es que la semilla está puesta y se espera que nuevos trabajos germinen con mayor rapidez y rigor con la finalidad de rescatar la memoria colectiva de una escena que ya tiene más de 30 años en el Perú y que había sido ninguneada por los medios de comunicación, los investigadores, periodistas y musicólogos.

Consideró que todos los trabajos por publicarse serán importantes y se complementarán entre sí. Están hechos por personas de diversas profesiones y eso enriquecerá el análisis y la visión sobre el tema. Hay que entender que al contar la historia no hay verdades absolutas ni versiones oficiales, solo aproximaciones. No basta con haber “vivido la época” porque nuestra propia óptica y vivencia es parcializada. Por eso es bueno buscar el testimonio de los protagonistas, para tener una mirada más amplia, democrática y “objetiva” -si vale el término- y contrastarla con los hechos y la escasa documentación de la época.

A continuación algunos pasajes significativos del libro Espíritu del Metal:

El metal, como tantas otras subculturas urbanas, no es solo una colección de sonidos y estrategias musicales, sino una práctica cultural claramente identificable. Y que a su vez crea submundos y variaciones únicas de acuerdo a los contextos sociales y entornos sociales y geográficos en los que se desarrolla”. (Pág 9-10)

Los jóvenes metaleros peruanos de los 80s aprovechan el discurso comercial y de consumo de la industria musical internacional para conformar comunidades urbanas marcadas por un fuerte desdén por tradiciones culturales que no los representan y por un status quo que consideran inauténtico y poco honorable, viendo en las culturas de metal internacional ejemplos de fortaleza, empoderamiento, resistencia social, honestidad, camaradería y política confrontacional más allá del discurso político directo o panfleto propagandístico”. (Pág 10)

El metal nacional no representa en el Perú, como en Inglaterra, a la clase trabajadora y desempleada en busca de diversión o escapismo, pero si concuerda con la intención de este movimiento de formar camaradería generacional y espacios de comunicación no formalizados e independientes de sus padres y de las institucionales oficiales tanto gubernamentales como educativas y religiosas”. (Pág. 19)

La complejidad discursiva del metal peruano encontraría resistencia desde múltiples ambientes, posiciones y discursos. Músicos malos, mal sonido, temas absurdos y alienados, falta de posición política determinada, sectarismo y segregación, comportamiento depresivamente anormal, impresentabilidad física y estética, agresividad continua, disfunción social, eso y más era, a la cara de la sociedad: el Metal”. (Pág. 29)

Los metaleros de los 80s no intentaban cambiar el mundo ni declaraban consignas politizadas, parte de su posición anárquica se encuentra reflejada en difusos mensajes relacionados con sistemas de valoración moral universalizados como: el honor, la lealtad, la autenticidad, la honestidad, la independencia, la esperanza, la integridad, la fortaleza y el valor, etc. La insatisfacción social es expresada en el metal peruano a través de otros mecanismos de resistencia y lucha no politizada ni partidaria”. (Pág. 42)

El metal peruano es un movimiento subterráneo en su totalidad, y hasta los estilos musicales de metal peruano que representan culturas del rock comercial global constituyen, en su versión peruana, espacios de intimidad cultural underground relegados, por propia decisión y situación de crisis social, a un anonimato oficial. Por otro lado, no es solamente el Metal peruano subterráneo sino uno de los pocos movimientos nacionales que ha mantenido esta condición por cuatro décadas”. (Pág. 49 y 50).

Los discursos de pertenencia y derechos de membrecía de cada una de las subculturas musicales obligaba a un odio y separación simbólicos entre las diferentes escenas, un punto en comunión era la subterraneidad de sus discursos. Es decir, si los conciertos eran mixtos, el público no. El ser Punk o metalero se construía muchas veces en contraposición a un posible enemigo directo y a una rivalidad útil para la declaración de identidad”. (Pág. 53)











Escrito por

Franco Boggiano de las Casas

Periodista dedicado desde 1989 a difundir el metal peruano. Sus posts antiguos en: http://blogs.peru21.pe/resistencia21/ y http://resistenciametalzine.blogspot.com/


Publicado en

Resistencia Metal Zine

Trinchera del metal peruano. Información y opinión del pasado y presente de la música extrema hecha en el Perú